En un destino como Ibiza, buena parte de los clientes de muchos negocios no habla español. Tener la web en varios idiomas no es un extra: es una condición para competir. Pero hay una gran diferencia entre una web traducida y una web multidioma bien construida.
El error más común: el botón de traducción automática
Los plugins que traducen la página “al vuelo” en el navegador parecen una solución cómoda, pero tienen problemas serios:
- Google no indexa esas traducciones, así que no apareces en búsquedas en otros idiomas.
- La calidad es irregular, y un texto mal traducido transmite poca profesionalidad justo en el momento de decidir una compra o reserva.
- No controlas qué se muestra: nombres propios, precios o términos legales pueden acabar traducidos de forma incorrecta.
Estructura de URLs: elige una y sé coherente
Cada idioma necesita su propia URL, accesible y rastreable. Las opciones más habituales:
- Subcarpetas (
tuweb.com/en/): la opción más sencilla de mantener y la que recomendamos en la mayoría de casos. Toda la autoridad SEO se concentra en un único dominio. - Subdominios (
en.tuweb.com): válido, pero Google los trata de forma algo más independiente. - Dominios distintos (
tuweb.de,tuweb.co.uk): solo tiene sentido si realmente operas mercados diferentes con estrategias separadas.
Lo que nunca conviene es servir idiomas distintos en la misma URL según la configuración del navegador o una cookie.
Hreflang: decirle a Google qué versión mostrar
Las etiquetas hreflang indican a los buscadores que dos páginas son la misma en distintos idiomas. Así Google muestra la versión inglesa a quien busca en inglés, y evita tratar las traducciones como contenido duplicado.
Deben ser recíprocas (cada versión apunta a todas las demás, incluida ella misma) y conviene añadir una versión x-default para usuarios de idiomas no contemplados. Es un detalle técnico, pero un error aquí puede anular buena parte del trabajo de traducción.
Traducir no es lo mismo que adaptar
Un turista británico y uno alemán no buscan igual ni les preocupan las mismas cosas. Una buena web multidioma adapta:
- Palabras clave: la forma en que se busca un servicio cambia en cada idioma. Hay que investigarlas, no traducirlas literalmente.
- Formatos: fechas, monedas, teléfonos con prefijo internacional.
- Contenido relevante: información sobre cómo llegar desde el aeropuerto, métodos de pago aceptados o política de cancelación pueden ser más importantes para el visitante extranjero.
El selector de idioma, bien resuelto
Debe estar visible, usar el nombre de cada idioma en su propio idioma (“English”, “Deutsch”) y llevar a la misma página en el otro idioma, no a la portada. Evita usar solo banderas: una bandera representa un país, no un idioma.
Mantener las versiones sincronizadas
El problema a largo plazo de muchas webs multidioma es que la versión principal se actualiza y las demás se quedan atrás. Un sistema de gestión de contenidos que muestre qué páginas faltan por traducir, o un flujo de trabajo claro con quien traduce, evita que la versión en inglés acabe mostrando precios del año pasado.